A veces el cuerpo es chico, no llega a contenernos. Algo desborda, un grito sofocado inútilmente se abre paso por los senderos de la memoria y nos devuelve a ese lugar del que creímos haber escapado.
Sin embargo seguimos presos, y cuando los viejos fantasmas vuelven a mostrarse impunes, intentamos mutar, cambiar de forma, ser otros.
Anduve huyendo del dolor, pero a medida que corría más me acercaba a él. Hoy sólo me queda darle batalla.
No se me ocurre otra forma de hacerlo que abandonarme a él, dejarlo conmover mis entrañas y permitirle seguir su camino para que de una buena vez yo pueda seguir el mío.
Sin embargo seguimos presos, y cuando los viejos fantasmas vuelven a mostrarse impunes, intentamos mutar, cambiar de forma, ser otros.
Anduve huyendo del dolor, pero a medida que corría más me acercaba a él. Hoy sólo me queda darle batalla.
No se me ocurre otra forma de hacerlo que abandonarme a él, dejarlo conmover mis entrañas y permitirle seguir su camino para que de una buena vez yo pueda seguir el mío.











